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Bob Marley
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Bob Marley

Bob Marley

Bob Marley. El hombre y el mito.

Robert Marley pasó de ser un mocoso llegado a Kingston desde la Jamaica rural a convertirse en el icono musical más enraizado en todo el globo, y en especial en el llamado “tercer mundo”. ¿Cuáles son las claves de esa popularidad?

Para empezar, podríamos decir que lo temprano de su desaparición lo sitúa junto a otros grandes personajes en el altar de la leyenda impulsada por el sistema mediático. Pero Marley no quemó su vida con drogas ni se suicidó. Vivió intensamente, pero no encarnó el prototipo juvenil de estrella del rock que aprieta el acelerador hasta el desastre. Sí, Marley fue un rebelde, pero un rebelde con causa. Hizo suya la causa de los desheredados del planeta y la fuerza de su idealismo y sus convicciones convirtieron su imagen en, probablemente, el símbolo con más fuerza revolucionaria del mundo (con permiso del Che Guevara). Pero… ¿fue siempre así? Evidentemente, los hombres nacen y los mitos se crean, y nuestro personaje fue primero un chiquillo que creció sin la presencia del padre, un capitán del ejército británico, blanco para más señas. Creció marcado por ello, sintiéndose diferente entre sus hermanos negros. “Yo tengo una madre que es blanca y un padre que es Dios”, decía cuando se le preguntaba al respecto.

Pero cuando llegó a la capital jamaicana desde su Nine Mile natal en 1957, Robert Nesta Marley solo era uno más de los miles de jóvenes que, a través de la música, buscaban escapar de la falta de oportunidades y el hacinamiento en los guetos del West Kingston. En sus primeros años al frente de The Wailers para el productor Clement “Coxsone” Dodd, en los días del ska, el grupo se convirtió en emblema de esos rude boys de malos modales y actitud agresiva. Pero también desde aquellos primeros días había empezado a pulir algunas aptitudes innatas en él que los acontecimientos iban a ir activando poco a poco.

Vibraciones positivas.

Ya desde su nacimiento, quienes lo conocían aseguraban que estaba poseído por un don espiritual y un carisma fuera de lo común, que su abuelo Omeriah Malcolm se encargó de cultivar en su infancia. Más tarde, con el cantante Joe Higgs no solo aprendió el arte de las armonías vocales, sino también a fumar ganja como forma de meditación e inspiración y a abrirse a sonoridades jazzísticas. Y tanto este como el percusionista Alvin “Seeco” Patterson –y más tarde el patriarca rasta Mortimer “Planno”– avivarían en él la llama de la espiritualidad, que siempre había ardido en su interior. De hecho, su primer tema en solitario aun antes de la formación de los Wailers junto a Peter Tosh y Bunny Livingston, “Judge Not”, ya estaba basado en una famosa frase bíblica (“No juzguéis para que no seáis juzgados”); con el tiempo Marley se convirtió en un destacado actualizador de los contenidos del Libro Sagrado y en un sensible poeta capaz de tocar los corazones de varias generaciones de entregados oyentes.

Junto a sus innegables dotes como cantante (puestas en duda por algunos) y su genialidad como compositor, se transformó en un artista tan completo como esencial, catapultado a la fama internacional por el capo de Island Records, Chris Blackwell, convirtiendo así a los Wailers en el primer grupo de reggae con contenidos rastas en obtener un contrato internacional. La tensa lucha de personalidades que se dio en el interior de la banda empujó a Tosh y Livingstone a iniciar sus respectivas carreras en solitario y, en consecuencia, ya como líder indiscutible de los Wailers, Marley dio a conocer el reggae al mundo en la última década de su vida. Una época gloriosa pero también difícil y llena de tensiones, en la que se convirtió en una pieza más en el juego de la violencia política de la Jamaica poscolonial. En el One Love Peace Concert de 1978, Marley unió las manos de los dos máximos rivales políticos, Edward Seaga y Michael Manley, en un intento de conseguir la paz entre las facciones enfrentadas. Pero también tuvo tiempo para exportar ese grito de libertad al continente donde él sabía que estaban sus raíces y las de su gente, África. Viajó a la tierra prometida del rastaman, Etiopía, y actuó en Gabón y especialmente en Zimbabue, donde cantó en el marco de las celebraciones de la independencia de ese país, invitado por el nuevo presidente y hoy controvertido Robert Mugabe.

Icono global, mito universal.

Su popularidad se extendió por todo el globo impulsada por el poder de su carismática personalidad. Lo afilado de sus letras, su actitud sincera y desafiante y su implicación en procesos de liberación de todo el mundo le otorgaron una trascendencia más allá de su figura musical, pero inextricablemente ligada a esta, que paseó por escenarios internacionales en giras maratonianas negadas a otros artistas; en su momento de máxima popularidad, Marley congregó cantidades ingentes de público en actuaciones que llegaron a los cincuenta mil y hasta cien mil espectadores, fue portada en las principales cabeceras de la prensa mundial y se ganó la admiración de artistas de todos los ámbitos. Finalmente, su salud se resintió y se vio atacado por un cáncer que se extendió por todo su cuerpo y fue acabando con su carrera y con su vida.

En sus últimos momentos gozó de una extraordinaria popularidad, pero fue su muerte, acaecida el 11 de mayo de 1981, la que lo elevó a la categoría de mito y convirtió la lucha por los derechos de autor de su música en uno de los negocios más lucrativos de la industria discográfica, todavía en la actualidad. Ese día murió un hombre extraordinario que también fue un apasionado del fútbol y de las mujeres, y que en algunos momentos no pudo escapar de las trampas del ego, un hombre con las debilidades de cualquier hombre. Ese día murió el hombre y nació el mito.

Por Dr. Decker

CULTURA RE-EVOLUCIONARIA

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